Todo programa de formación tiene un día que da miedo: el día después de la graduación. Durante meses, la gente se ve cada semana, comparte retos y se escribe a deshoras. Después llega el diploma, el grupo de WhatsApp se va apagando y la comunidad alumni se convierte en una base de datos a la que se manda una newsletter dos veces al año.
Celera es de los pocos casos que conocemos donde pasa lo contrario. En su retiro de febrero se juntaron 70 personas de una comunidad de 120. Las que ya habían terminado el programa se pagaron el viaje de su bolsillo.
Queríamos saber cómo lo consiguen, así que sentamos a su director, Alejandro Rodríguez Bolaños, en Hackeando A, nuestra sección de entrevistas. Puedes escuchar el episodio completo aquí. Estas son las cinco lecciones que nos llevamos para cualquiera que diseñe una comunidad alumni.
Qué es Celera y por qué está en nuestro libro
Celera es una aceleradora de talento nacida en 2014 por iniciativa del químico Javier García Martínez, que fue el primer español en presidir la IUPAC (la organización que custodia la tabla periódica), junto a la Fundación Rafael del Pino. Después se sumaron la Fundación Banco Sabadell, la Fundación Francisco Soria Melguizo y la Universidad Católica de Murcia.
Cada año selecciona a 10 personas de entre 22 y 35 años que ya están haciendo cosas: científicos, emprendedores, gente que lidera dentro de grandes empresas. Les acompaña tres años de forma gratuita. Su lema lo dice todo: no aceleran proyectos, aceleran personas.
En Comunidades de Impacto recogimos su caso en el capítulo dedicado a cómo las comunidades mejoran nuestro bienestar. El dato que nos hizo fijarnos: el 100 % de los celerados afirma haber mejorado su autoconocimiento, y más de la mitad reporta un salto notable en su bienestar psicológico.
Lección 1: en una comunidad alumni, la profundidad va antes que el tamaño
Toda comunidad con vocación de impacto vive una tensión entre llegar a mucha gente o transformar de verdad a poca. Celera eligió sin complejos: 10 personas por generación y tres años de acompañamiento. El primer año mira hacia dentro (autoconocimiento, gestión emocional, estrés), el segundo hacia fuera (liderazgo, equipos, comunicación) y el tercero hacia el propósito.
Ese tamaño permite algo que los programas masivos no pueden: personalizar. Ale nos contó casos muy distintos. Guillermo, de la séptima generación, investiga cómo modificar bacterias de la piel para crear nuevas terapias. Delia pasó de Procter & Gamble a montar un área de impacto, estudió políticas públicas en Harvard y hoy emprende con paneles solares verticales que permiten seguir cultivando la tierra. Martín Beitia lidera la innovación abierta en Iberia. Ningún viaje se parece al otro.
Para tu comunidad alumni: el vínculo que sobrevive a la graduación se construye durante el programa, no después. Si el programa fue una sucesión de clases, la comunidad alumni será una lista de correo.
Lección 2: el primer ritual es la vulnerabilidad
La primera sesión de cada generación en Celera no es una charla inspiradora. Es compartir la línea de vida de cada uno, con éxitos y con fracasos. En los programas universitarios, el arranque es un vivencial de dos días y medio fuera de la ciudad, en la sierra de Madrid o en Montserrat. Avisan antes: esto tiene carga emocional.
Ale lo justifica así: si no te sientes seguro contigo y con quien tienes alrededor, no vas a innovar ni a compartir, porque temes que te critiquen el fallo. En el libro lo llamamos seguridad psicológica, y es el cimiento invisible de cualquier sentido de pertenencia.
Para tu comunidad alumni: diseña un ritual de entrada que obligue a mostrarse. Los grupos que se han visto vulnerables al principio son los que se buscan cuando la vida aprieta años después.
Lección 3: mide lo que le pasa a la persona, no solo lo que pasa en la plataforma
Al llegar a la dirección, Ale diseñó una metodología de medición con varias capas. La primera, la persona: si lo que el programa da se refleja en su vida. Después, el liderazgo: si ha pasado de no liderar equipos o procesos a liderarlos. Luego la comunidad: si cuando tienes un momento crítico acudes a Celera o a alguien que conociste allí. Por último, el propósito: si lo has definido y si apunta al impacto positivo. Por encima de todo, la pregunta transversal: ¿usas estas herramientas en tu vida personal y profesional?
Fíjate en la métrica de comunidad. No cuenta mensajes ni asistentes. Cuenta a quién llamas cuando las cosas van mal. Es la mejor definición de comunidad alumni viva que hemos escuchado en mucho tiempo.
Para tu comunidad alumni: cambia el «¿cuántos abrieron la newsletter?» por «¿a quién de aquí llamarías si mañana tuvieras un problema serio?».
Lección 4: dos anclas al año y muchos pretextos en medio
¿Cómo consiguen que 70 de 120 personas vuelvan, algunas doce años después de entrar? Ale reconoce que juegan con ventaja: has estado en la vida de alguien durante tres años de forma muy cercana y los vínculos son profundos. Pero no lo dejan al azar.
Celera organiza dos retiros al año, en febrero y en septiembre, que no son solo para la generación en curso: están abiertos a toda la comunidad. Esas son las anclas. Entre una y otra, pequeños pretextos para encontrarse: las Celera Talks, donde alguien de la comunidad cuenta su historia, o colaboraciones como una jornada con el Museo Thyssen en la que los celerados contaron cuadros desde la ciencia. Además, cruzan sus distintas comunidades para que la gente de un programa se mezcle con la de otro.
Para tu comunidad alumni: dos citas fijas que todo el mundo conozca valen más que veinte eventos sueltos. La predictibilidad no aburre, libera: permite reorganizar la agenda alrededor de lo importante.
Lección 5: replica el ADN, no el formato
La pregunta que Ale se hizo al llegar fue literal: ¿cómo maximizamos el impacto de Celera sin perder nuestra esencia? La respuesta fue llevar la metodología a universidades sin copiarla tal cual. Hoy trabajan con la Universidad Autónoma de Madrid, la Pompeu Fabra, CUNEF o la Universidad Católica de Murcia.
Lo que cambia es el formato: 20 personas en lugar de 10, un año en lugar de tres. Lo que no cambia es el ADN. En el caso de UAM Celera, impulsado por el Consejo Social de la universidad, la selección mezcla filósofos, matemáticos o biólogos, de último curso de grado, máster, doctorado y alumni. La multidisciplinariedad no se negocia. Tampoco el proceso largo frente al taller suelto.
No fue fácil. Ale contó con franqueza las fricciones: universidades que preguntaban «¿qué me vas a enseñar tú a mí de liderazgo?» y presupuestos públicos ajustados. Lo desbloquearon dos cosas. Encontrar dentro a personas que entendieran el modelo y lo defendieran, y la cofinanciación: en la Pompeu Fabra, la universidad pone una parte y la Fundación Banco Sabadell otra.
El resultado es lo que Ale llama una macrocomunidad de comunidades. Cada cohorte universitaria es una comunidad con identidad propia que se conecta con la Celera madre y que, además, devuelve algo a su universidad. Conocemos bien la Autónoma porque trabajamos con su comunidad alumni, así que lo decimos con conocimiento de causa: que el alumni sienta que tiene algo que devolver cambia por completo la relación.
Para tu comunidad alumni: antes de escalar, escribe en una línea qué parte de tu modelo es ADN y cuál es formato. El formato puede adaptarse a cada contexto. El ADN, no.
Checklist para revisar tu comunidad alumni
- ¿Se forman vínculos de verdad durante el programa o solo después intentamos crearlos?
- ¿Hay un ritual de entrada donde las personas se muestran tal como son?
- ¿Medimos a quién acude la gente cuando lo pasa mal, o solo aperturas y asistencias?
- ¿Tenemos dos o tres citas fijas al año abiertas a todas las generaciones?
- ¿Mezclamos generaciones y programas entre sí?
- ¿Sabemos qué parte de nuestro modelo no se puede tocar cuando crecemos?
Desde Community Hackers trabajamos con la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Jaén en sus comunidades Alumnis, puedes ver lo que hacemos aquí.
Preguntas frecuentes sobre comunidades alumni
¿Qué es una comunidad alumni? Es la comunidad que forman las personas que han pasado por un programa, una universidad o una organización. Funciona de verdad cuando sus miembros se apoyan entre sí, no cuando solo reciben información de la institución.
¿Por qué mueren tantas comunidades alumni? Porque se diseñan al terminar el programa y no durante. Si no hubo vínculo entre las personas, no hay nada que mantener.
¿Cómo se mide la salud de una comunidad alumni? Más allá de la asistencia, fíjate en si sus miembros se buscan en los momentos difíciles, si vuelven a los encuentros aunque les cueste tiempo o dinero y si aportan algo a quienes vienen detrás.
Para seguir tirando del hilo
En la entrevista hay mucho más: cómo Ale llegó a dirigir Celera después de quedarse dos años a las puertas como candidato, por qué cree que el talento depende del contexto y qué comunidades le marcaron, de AIESEC a Acumen. Escucha el episodio completo.
Si estás empezando a diseñar tu comunidad, o quieres entender por qué unas transforman vidas y otras se apagan, en Comunidades de Impacto tienes el caso de Celera junto a más de 200 comunidades analizadas, con herramientas para diseñar tu comunidad mínima viable, tu member journey y tus rituales.
Y si quieres conversar con nosotros, puedes escribirnos aquí.
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