Organizaste un evento para exalumnos. Lo anunciaste por correo. Aparecieron cinco personas, y tres eran compañeros tuyos.
Si te ha pasado, ya sabes que eso no se arregla mandando otro correo.
Durante el último año hemos preguntado a responsables de comunidades alumni de España y Latinoamérica qué les impide construir una comunidad que funcione. La respuesta más repetida fue el dinero: tres de cada cuatro señalaron los recursos financieros limitados como su principal desafío, y el 82% dijo que lo que espera de su institución es, ante todo, apoyo financiero.
Esta percepción quizás no sea del todo precisa, según sugieren sus propias respuestas.
No lo digo solo por la encuesta. Estos años también hemos diseñado, implantado y acompañado programas alumni en universidades y escuelas de negocio de España y América Latina: públicas y privadas, con oficina consolidada y empezando de cero, con miles de egresados y con unos pocos cientos.
Y lo que más llama la atención al entrar en una institución detrás de otra no son las diferencias, sino lo que se repite: los mismos cuellos de botella, en el mismo orden, con distintos nombres. Por eso, cuando la encuesta dice una cosa y los proyectos dicen otra, tiendo a fiarme de lo segundo.
Dos encuestas, dos lados del mostrador
Este año se ha publicado en Estados Unidos la National Alumni Survey de Almabase, que pregunta a los egresados. Nuestra pregunta a quienes los gestionan.
Es la primera vez que puedo poner las dos caras del mismo problema una al lado de la otra: lo que el alumni dice que quiere, y lo que quien dirige el programa cree que debe darle.
En algunos puntos coinciden de forma incómoda. En otros no se parecen en nada.
Contradicción uno: pedimos el dinero hacia arriba
Aquí está el dato que no encaja.
Tres de cada cuatro dicen que su freno es la falta de recursos. El 82% espera apoyo financiero de su institución. Pero solo el 36% tiene como objetivo aumentar la implicación en donaciones y contribuciones, y solo el 32% mediría el éxito por el monto captado.
Léelo otra vez.
La mayoría de responsables alumni de nuestro entorno considera que su problema es presupuestario y, a la vez, no considera que generar recursos sea parte de su trabajo.
Eso convierte al área alumni en un centro de coste que pide partida, no en una función que produce valor y lo demuestra. Y un centro de coste, cuando llegan los recortes, es lo primero que se recorta.
No es un reproche: es una consecuencia lógica del contexto. Los datos de CASE muestran que la filantropía representa el 22,5% del engagement total en Estados Unidos, pero solo el 11,9% en América Latina y el 7,2% en Europa. Aquí el vínculo con el graduado nunca se sostuvo sobre la donación. No hay cultura, no hay fiscalidad comparable, no hay hábito.
Y esa es exactamente la razón por la que no podemos copiar el manual americano justo ahora: porque allí ese manual se está rompiendo. Según Almabase, solo el 13% de los graduados millennial y Gen Z donó a educación superior, frente al 32% de las generaciones mayores.
Allí se agota un modelo que aquí nunca llegamos a construir. Más que preguntar cómo conseguir más presupuesto, la cuestión clave es: si no vamos a captar fondos, ¿qué valor producimos que justifique el presupuesto que pedimos?
Contradicción dos: sabemos lo que quieren y aun así no vienen
El segundo desafío más citado por los gestores, con un 71%, es la falta de participación de los exalumnos.
Ahora mira lo que respondieron esas mismas personas sobre qué busca un alumni:
| Qué creen los gestores que busca el alumni | % |
|---|---|
| Networking y conexiones profesionales | 82% |
| Acceso a oportunidades laborales | 82% |
| Orientación y mentoría | 50% |
| Participación en eventos exclusivos | 50% |
| Actualizaciones sobre la institución | 14% |
Y lo que se proponen ofrecer:
| Objetivo del programa | % |
|---|---|
| Facilitar desarrollo profesional | 93% |
| Promover el networking | 89% |
| Incrementar participación y compromiso | 75% |
La oferta y la demanda están perfectamente alineadas. Sobre el papel, este sector sabe exactamente qué quiere su gente.
Aún así, siete de cada diez dicen que el problema es que nadie participa.
Del otro lado del mostrador, la encuesta de Almabase da la versión del graduado: el 40% se siente desconectado de su institución y casi la mitad, desinformado.
Es la misma frase dicha desde los dos extremos. Nosotros decimos «no consigo llegar». Ellos dicen «no me llega nada». Y en nuestra encuesta, el 61% reconoce las dificultades de comunicación y alcance como uno de sus grandes desafíos.
Cuando la oferta encaja con la demanda y la gente no viene, el problema no es el qué. Es el cuándo, el cómo y el quién.
Dos pistas más de la propia encuesta:
El canal contradice el diagnóstico. Solo el 14% cree que al alumni le interesan las noticias de la institución. Sin embargo, el 57% sigue apostando por los correos masivos institucionales. Probablemente, seguimos enviando contenidos que sabemos que a nadie le interesa. Que reflejan poco el interés que nuestra comunidad alumni tiene.
El estudiante no cuenta como alumni. Solo el 21% quiere que la comunidad acompañe a los nuevos alumnos en su ingreso. Seguimos empezando la relación el día de la graduación, que es exactamente el día en que la persona deja de tener un motivo diario para pensar en nosotros.
Y hay una tercera pista que no está en ninguna respuesta, sino en su ausencia: nadie mencionó a quién falta. Ni una sola mención a los perfiles que nunca aparecen por el aula magna: quien se fue del país, quien cambió de sector, quien no encaja en la foto de la promoción feliz. Cuando mides la participación sobre quienes ya vienen, la comunidad se estrecha sola y parece que funciona.
Contradicción tres: contamos, no medimos
Las métricas de éxito más elegidas fueron el número de exalumnos activos (75%) y la tasa de participación en eventos (71%). La satisfacción, sólo el 32%.
Medimos cuánta gente aparece, no qué le pasó a esa gente por haber aparecido.
CASE lo formula mejor que yo: el engagement se mide, no se cuenta.
Esto tiene una consecuencia práctica inmediata. Dos de las nueve tendencias que identifica Almabase apuntan a la misma exigencia: el alumni de hoy quiere saber a dónde fue el dinero y qué resultado produjo, y la confianza se construye entre campañas, no durante la campaña.
Aquí está el problema: esa transparencia es imposible con las métricas que usamos. No puedes rendir cuentas de un impacto que no mides. Si tu cuadro de mando dice «vinieron 300 personas», lo único que puedes comunicar es que vinieron 300 personas.
Hay además un dato de CASE que cambia toda la planificación: la donación empieza a subir alrededor del año 11 tras la graduación, mientras que en los primeros años el egresado participa sobre todo en actividades experienciales y de comunicación. Quien concentra su esfuerzo en la cohorte que ya responde está cosechando un cultivo que plantó otro.
El punto donde las dos encuestas coinciden y nadie está actuando
Si tuviera que quedarme con un solo cruce entre ambos estudios, sería este.
Almabase señala el voluntariado como la gran oportunidad desaprovechada: mucha gente da su tiempo antes que su dinero, y las instituciones apenas usan esa vía. Añaden un dato que desarma la excusa fácil: el 77% de los egresados con deuda estudiantil dona igualmente, solo que a otras causas. No es un problema de capacidad; es un problema de relación.
Ahora nuestra encuesta. Al preguntar qué actividades serían más beneficiosas para la comunidad, los proyectos de voluntariado y filantropía quedaron los últimos, con un 25%. La mitad que los eventos de networking, la mentoría o los talleres.
Ellos están dispuestos a darnos tiempo. Nosotros no se lo pedimos.
Y es la vía más barata que existe, justo lo que necesita un área que dice no tener recursos. Un egresado de 28 años no puede firmar un cheque, pero puede mentorizar a uno de 22, revisar un trabajo de fin de grado, dar una clase o abrir una puerta. Y a los 40, esa persona sabe perfectamente para qué le sirvió su universidad.
Lo que sí se está aplicando en 2026
Cuatro movimientos, todos coherentes con lo que dicen las dos encuestas:
- De audiencia a participante. El engagement crece cuando el egresado hace algo, no cuando recibe algo. La newsletter es un canal, no una comunidad. Pregunta práctica: ¿cuántas de tus actividades del último trimestre permitían aportar, y no solo asistir? Busca cómplices, no followers. De este tema, hablamos con mucha profundidad, en nuestro libro “Comunidades de Impacto”.
- Beneficio tangible antes que fundraising. En nuestros mercados funciona primero el acceso —empleo, mentoría, formación, contactos— y la contribución llega después, como consecuencia. El orden inverso es el que no funciona.
- Formación continua como contrato de retorno. Las microcredenciales llevan meses en el centro del debate alumni en España, y con razón: CASE muestra que los egresados con varios títulos de la misma institución tienen tasas de engagement más altas. El alumni que vuelve a estudiar es el alumni que se queda. En nuestra encuesta, casi un tercio ya lo tiene como objetivo explícito.
- Relevancia por etapa vital, no personalización cosmética. Poner el nombre de pila en el asunto no es personalizar. Segmentar por promoción, tampoco: dos personas de la misma promoción pueden estar en momentos de carrera radicalmente distintos. Lo que funciona es segmentar por etapa: primer empleo, cambio de sector, primer equipo a cargo, vuelta a la formación.
La tendencia de la que todos hablan y que nosotros no compramos todavía
En 2026 no puedes ir a un congreso del sector sin oír hablar de inteligencia artificial aplicada a alumni. Scoring de propensión, priorización de cartera, contenido adaptativo. Los grandes proveedores de software universitario ya están lanzando producto en Europa con ese mensaje.
Y tiene lógica aritmética: los datos de CASE dan una mediana de seis personas a tiempo completo en Europa, con 16.489 egresados contactables por cada una de ellas. Con esos ratios, automatizar no es un lujo.
No obstante, seamos honestos sobre el estado de la evidencia: hay mucha oferta y muy pocos resultados públicos medidos. No he encontrado estudios independientes que cuantifiquen el efecto de estas herramientas sobre el engagement real, más allá del material de los propios fabricantes.
Mi posición: probablemente es inevitable y probablemente ayudará. Pero comprarlo antes de tener limpia la base de datos y definido qué es engagement para ti es pagar por acelerar en una dirección que todavía no has elegido.
Qué haría yo el lunes
Cuatro movimientos, ordenados por coste:
- Contar cuántos egresados son contactables de verdad. No cuántos títulos habéis expedido: cuántas personas tienen correo personal verificado y consentimiento vigente. Cuesta cero y suele doler.
- Pedirle algo que no sea dinero a la promoción de hace tres años. Una hora de mentoría. Una charla. Una revisión de currículum. Trátalo como un MVP: una cohorte, un mes, una sola métrica. Es la prueba más barata de si tienes una comunidad o solo una base de datos.
- Escribir en una línea qué valor produce tu área y con qué se mide. Si esa línea empieza por «organizamos», tienes un programa de actividades. Si empieza por «conseguimos que», tienes una función estratégica.
- La relación alumni no comienza con la graduación ni termina con ella. A menudo operamos estos ámbitos en silos desconectados, cuando la mejor estrategia consiste en construir puentes desde la propia experiencia del estudiante en el campus. Si comienzas el día posterior a la graduación, ya vas tarde.
Si quieres saber más sobre cómo trabajamos para conseguir que una comunidad alumni vuelva a estar activa, ingresa en este enlace y conócenos: https://somoscommunityhackers.com/comunidad_alumni/
Juan Parodi.
Metodología y fuentes
Encuesta propia. Realizada entre 2024, 2025 y 2026 entre responsables y directores de comunidades alumni de España y Latinoamérica: universidades públicas y privadas, escuelas de negocio, programas alumni corporativos y centros educativos. Preguntas de opción múltiple con respuesta no excluyente, por lo que los porcentajes suman más de 100%. Muestra de conveniencia entre profesionales del sector, no representativa del conjunto.
Experiencia de campo. Las lecturas e interpretaciones del texto se apoyan además en el diseño, la implantación y el acompañamiento de programas alumni en universidades y escuelas de negocio de España y América Latina. Son observaciones de práctica profesional, no resultados de investigación: van señaladas como opinión allí donde aparecen.
Datos internacionales. CASE Insights, Engagement de Egresados (datos de 2022): pesos regionales de la filantropía, medianas de personal, engagement por generación de graduación y por número de títulos. 2026 National Alumni Survey de Almabase (más de 82.000 egresados respondientes; Almabase es proveedor de software alumni, conviene tenerlo presente al leer sus conclusiones).

